Expresión Libre

lunes, 4 de agosto de 2014

Amor delirante


Aquelarre

Mis labios se deslizan lentamente por tu cuello como una serpiente,
mi respiración calienta cada tentación sonámbula por tu piel,
deja que mi ser te cautive ilusiones,
que mi boca acaricie tú oído con cada pulso de mi corazón,
que mis ojos dejen salir la ternura por ti.
Desaparece esa niña rebelde
y deja entrar esa mujer de sentimientos ocultos que creías
muertos.
 Mi boca hablará cada segundo,
mi mente viajará cada astro,
mis manos se deslizarán en cada silueta, y mi alma atrapará
cada lengua de
Serpiente de mentiras.
 La noche es vieja para los ineptos y no para los enamorados,
desenvaina la espada de mi corazón, desamarra las cadenas de
mi cuerpo y despierta los
sentidos de mi locura.
No me abandones
No me mates……

Ayer


Juan Amador Gaya

El sol quedó sin balcón,
no estás ya en mi casa.
Nadie sabe lo que tiene
sólo cuando te has librado.
Ya no te veo
beber en el salón, 
hurgar mi billetera,
roncar al medio día,
vivir después de las doce.

Escuchar la nada, sólo aire 
que te encerró entre paredes.
Silencio, esa flor que susurra. 
Intuyo esos signos de tu palabra no escrita.
Retiñen los brazos del atardecer,
encenderé lámparas,
la puerta mirará por última vez 
antes de forjarse en cerradura.

Al cenar:
una copa,
poco queso, ruido diluido,
oídos mansos.

A las sombras les falta brillo,
inquietud, fatiga,
trajín  perpetuo.
Desmesurado soneto de vida,
raíces gruesas en los surcos
de mis sabanas. 
Al despertar: 
astillas afligen mis carnes,
el corazón alza su plegaria,
mi alma goza de gélida tempestad,
tempestad sutil,
gentil en la mayoría de ocasiones.
¿Gané?
¿Perdí?
Solo despertaré, eso fue ayer.

Te pesa el aire


Alejandro Farías

Te pesa el aire 
que devuelve al sonido
las miles de avispas 
que tiran de tu carruaje 
de tu caballo, henchido de sangre
aquel infierno demolido
aquel sortilegio que se fumó tus noches
de niebla escindida.
Te pesa el oleaje que salta del suelo
como llama marina
que palpita
en tu deseo inmune
de piedra abatida
por la mar revuelta
donde 
los caracoles
no son para todos

Esto que ves...


Carlos Islas

Esto que ves aquí es nuestro,
es lo que hemos construido
con la herencia que se nos dio.
Pertenecemos a nosotros mismos,
a nuestro espíritu, a nuestro pensar.
Esta música, esta pintura,
estos cuentos, estos poemas …
son nuestros.
la vida…
los silencios…
la sonrisa...
el presente…
nos pertenecen.
La historia…
el pasado…
“que los muertos entierren a sus muertos.”

La madre patria


Víctor Hugo Medel Gómez


En los  brazos  de una madre  descansa  envuelto  en su reboso un moreno
Su madre lo protege, lo alimenta con su fértil pecho
Algún día  el niño será  lo suficientemente grande como para protegerla
Ella quiere verlo crecer.
La madre vive por su hijo, llora por él, se sacrifica por él.
En tiempos tan difíciles tiene que arrullarlo con cuentos falsos.
-¡Despierta!-la madre  le habla al niño en el oído
Las sabanas que lo cubren no parecen dejarlo escuchar, se ven sofocantes.
Hace mucho el niño abrió los ojos, pero fue solo para dar su primer parpadeo
Después los volvió a cerrar
Hace mucho creían que ya podía caminar por sí solo, pero su falta de coordinación no lo dejo
Se levantó un momento, avanzo su primer paso, bacilo y volvió a caer.
El escuincle  ya es demasiado “grandecito” para seguir siendo lactante.
-¡Despierta!- se  vuelve a  susurrar
El nene solo hace un puchero y se envuelve más en sus trapos para seguir durmiendo,
soñando que todo está bien.