Expresión Libre

sábado, 5 de noviembre de 2022

Micro-drama / Jorge Ayala


La orquesta calló, como en picada, siendo eco del inaudito

estallido. Ellos se percataron inmediatamente del error, estando

justo a ras del escenario, era casi obvio; Eduardo frotaría sus

sien derecha con el revólver .357 Magnum, diría, lo

que nadie creía que serían sus últimas palabras, halara el gatillo

y caería sobre un charco de salsa de tomate. Pero sus sesos

deshechos por escarcha de pólvora, se tendieron en el suelo,

abrigándolo de una muerte escarlata.

La violinista de la tercera fila quebró en llanto, se paró de su

asiento y toco el solo más triste del mundo, el público rugió

enervado por la conmoción del disparo, o mas bien, la conmoción

en el cráneo de Eduardo; las mujeres imitaron

a la chica del violín, derramando su confusión en llanto, los

mejores productores de la escena exclamaban extasiados por el

“realismo”, pero los más observadores callaron, dejando caer la

cabeza por el suelo.

El periódico local (amarillista por casualidad) sentenció en el

encabezado: Microdrama termina en mega-tragedia. Declarando

en la primera fila, primer párrafo,

quinta línea: una muerte accidental. Al día siguiente nadie quiso

hablar del tema, todos lo consideraban un suicidio programado

por una mente muy retorcida, aunque entre el cuerpo sinfónico

se rumoreaba que, Rebeca, la violinista que

abrió fuego con sus lágrimas y sus notas, además de ser la

prometida del difunto, se había acostado varías veces con el

encargado de utilería.

El ciego alimentando a sus cuervos / Cesar Corona


Vi desde el monte Twitter el regreso de los 4 jinetes que mencionó

aquella ocasión Juan en la Isla Patmos y que recientemente

menciona Yuval Noah Harari en su obra Homo Deus. Son estos

mismos los que diezman la humanidad de tiempo en tiempo.

Se acercan. Los cascos de estos caballos hacen vibrar la tierra.

Se asoman en distintas localidades, pareciera ser que miden

algún tipo de conducta humana.

Se escuchan guerras y rumores de guerras, pestes (coronavirus-19,

viruela de mono), hambre (escasez de comida e inflación),

muertes. Cuanto más veía sabía que los tiempos se alineaban a

lo dicho por Emmanuel en Mateo veinticuatro seis al ocho.

Vi reagrupándose de nuevo la manada del pálido, blanco, negro y rojo.


Los cuervos comienzan a congregarse de los cuatro puntos

cardinales para volar detrás de estos cuatro paladines para un

prolongado festín de todo lo hollado. No queda nada que respire

a su paso. Los corazones desfallecen ante lo inevitable.

La luz es turbia, las antorchas se obscurecen y los días son cada

vez más largos.

Vi al octavo profeta menor levita cantor Habacuc uno dos al

cuatro fuera del templo clamando voz a cuello a YHWH

“¿Hasta cuándo debo pedir ayuda, oh SEÑOR? ¡Pero tú no

escuchas! «¡Hay violencia por todas partes!», clamo, pero tú no

vienes a salvar. ¿Tendré siempre que ver estas maldades? ¿Por

qué debo mirar tanta miseria? Dondequiera que mire, veo

destrucción y violencia. Estoy rodeado de gente que le encanta

discutir y pelear. La ley se ha estancado y no hay justicia en los

tribunales. Los perversos suman más que los justos, de manera

que la justicia se ha corrompido.”

Su voz tuvo un tono tan grave que fuese como sí las ondas sonoras

se deshidrataran y se desprendiesen en pequeñas partículas

aparentemente desordenadas conformando una nube que cada

vez que los cuatro paladines se daban cita, esta nube aparecía

a un estadio previo a su llegada. La nube recogía este mismo

clamor de las personas a su paso.

Vi al profeta mayor Isaías cuatro uno, desde el pasado en

babilonia diciendo; “En aquel día quedarán tan pocos hombres

que siete mujeres pelearán por uno solo y le dirán: ¡Deja que

todas nos casemos contigo! Nos ocuparemos de nuestra propia

comida y ropa. Solo déjanos tomar tu apellido, para que no se

burlen de nosotras diciendo que somos solteronas”.

Su voz tenía tal eco que conforme pasaba el tiempo más se vigorizaba.


En el monte Twitter esto resonaba fuerte e incomodaba a toda la

población. Ofendía a chicos y grandes. Todos vociferaban dando

grandes voces escritas en sus afilados caracteres preparándose

para una gran hoguera digital.

Vi al profeta menor Amós, productor de higos en Tecoa al límite

del desierto de Judá gritando con urgencia “Buscadme y Viviréis”.

Más adelante volví a ver al profeta mayor Isaías que recibía

palabra y era está: “Olvida todo eso; no es nada comparado

con lo que voy a hacer. Pues estoy a punto de hacer algo nuevo.

¡Mira, ya he comenzado! ¿No lo ves? Haré un camino a través del

desierto; crearé ríos en la tierra árida y baldía.”

Y eso daba esperanza.


Había un lugar donde los paladines no podían entrar, ni ninguna

de sus hueste que pudiera afligir a las personas. Ni los cuervos

eran bienvenidos.

En este lugar había un santuario del cual salían aguas que fluían

por toda la tierra. Este río con sus aguas sanaban toda la tierra

que tocaban a su paso y desembocaba en el océano, esté también

era aliviado y con presteza era llenado de toda criatura marina.

En este lugar se formará un reino expansivo donde habrá

justicia. No habrá ni socialistas ni capitalistas. No volverá haber

injusticias como las que suceden en el Sonora Grill. El agua

no escaseará como en Monterrey. Será un reino soberano como

Jalisco pero sin crimen organizado.

Vi entonces que los cuervos no tenían más comida y estos caían

como moscas al rocío de vinagre blanco puro. No vi otra manera

más que hacerlos vegetarianos y libres de gluten. Al poco tiempo

se hicieron albinos y quedaron ciegos. Desarrollaron un oído

agudo y comenzaron a ser guiados por una mariposa monarca

que la dejó atrás su enjambre y está se equivocó de santuario. Los

cuervos aprendieron a tener dominio propio, eran tan amables y

afables que no chocaban unos con otros.

Me comí el útero a mordidas ( Fragmento) Intestinos / Diana Noble


El amor me revienta los órganos

nada de sutilezas

o canciones melosas

no, tajante golpe

certero corte.

¡Zaz! ¡Zaz!

¡Raz, ¡Trazzz!

Feroz, preciso,

corte perfecto,

y mis intestinos cubiertos

de flores.

¿Y el aroma a estiércol?

No puedo pensar...

El perfume de sus ojos

impregna

las paredes de mis tripas.

Qué razón ni que ocho cuartos,

la sangre me hierve

y mis intestinos

lo saben.

Estoy prendida a su piel

como espina,

en mi ser la sangre florece

y brilla,

beso su cuello

quedo fluorescente,

encendida,

preñada de luz

Se vislumbra mi felicidad

desde las nubes

¿Y los intestinos?

¿Mis intestinos?

Son juegos artificiales

explotando,

el amor los vuelve locos

corren de un lado a otro

de mi estómago

esperando que mi estúpido cerebro

se dé cuenta

de que el amor

ha barajado sus hilos

y me tiene paralizada.

No hay remedio

sucedió,

el amor entró por las pupilas

sin entendimiento humano

que frenará los bríos

mi mente no deja de cargar

las emociones

no puedo detener los sentimientos

menos,

que mis intestinos defequen miel

por todos los poros.

Soy / Enrique Guízar

 

Soy el verde en el uniforme

del idiota asesino

peleando ignorante la inútil guerra de su majestad.

Soy el blanco en la piel del que oprime

a mi “paisa” el mojado.

Soy el rojo en la sangre

del dios que impusieron

con sable y fusil a nuestros ancestros.

Soy la bandera invertida,

invertida la cruz.

Soy el cansancio del campesino

la desmotivación del obrero;

la sequía y el desempleo.

Soy la vergüenza del salario mínimo,

la esclavitud disfrazada de trabajo digno.

Soy la demagogia en el grito de independencia

soy el laberinto de la soledad.

Soy el nepotismo y el beso de Judas

la incongruencia de los intelectuales

el sarcasmo de los artistas.

Soy Santa Ana vendiendo su patria

la muerte en vano de Villa y Zapata.

Soy la fe del obispo pederasta

y el precio de la extremaunción.

Soy el amor honesto de las prostitutas

la noche triste sin árbol del presidiario.

Soy lágrimas ácidas de un cielo contaminado

el que no tranza no avanza

y el cielito lindo.

Soy la cucaracha

que no camina sin la mariguana

otro revoltoso asesinado por el estado.

Soy las ruinas ancestrales que no se encontraron

y los monumentos de cabeza hueca.

Soy el estanque de la decepción

la pasividad, un mal interprete de la rebeldía.

Soy la Malinche, el hijo de la chingada.

Soy Todos y Nadie, soy México…

y me doy asco.

Zombis / Samuel Rodríguez

 

Fuimos padres algún día.

Descubrimos la alegría y la agonía;

todo a gran escala.

Acompañamos a nuestras hijas en la ambulancia.

Les tomamos la mano para que no se asustaran.

Les dijimos que todo iba a estar bien,

que no debían preocuparse por nada.

Nos derretimos de ternura en la noches

cuando se levantaban llorando

y se dormían en nuestros brazos.

Parecían galaxias con esperanza de vida eterna.

Pero murieron. Todas al mismo tiempo.

y con ellas murió toda nuestra alegría.

Nos quedamos solos,

vagando en este planeta como una especie primitiva

sin ningún rasgo de personalidad.

Sin ideas.

Sin tareas pendientes ni futuro.

Condenados a ser carne muerta

pero con vida.