Expresión Libre

domingo, 20 de marzo de 2016

Mudanzas - Lizz Evans

 

Pareciera que la distancia modifica el sentimiento
disminuye el amor

las amistades perecen

los ánimos se vuelven altibajos

el tiempo corre más lento.
La percepción cambia

disfrutas la soledad y recorrer nuevos rumbos

pero es inevitable esa añoranza de imaginarte en esos rumbos

con alguien a tu lado...

Recuerdo estar en una esquina

fumando un cigarrillo y bebiendo mi café

teniendo un hermoso panorama de frente

viendo pasar la gente

y ese reflejo automático de voltear a mi alrededor

y sencillamente no ver a nadie.

No tener con quién conversar

con quién compartir tus miedos
ser consciente de los pesos que te quedan en los bolsillos


y sentir esa ansiedad queriendo apoderarse de ti.

Me aferro a mis sueños y deseos

lucho conmigo misma para mantenerme firme

para conservar la motivación

respira... respira...

Es inevitable tener esos lapsos de debilidad

lo importante es no perder de vista tu meta

no derrumbarte ante las primeras puertas que te cierran
seguir abriendo caminos

no dejar de avanzar.

Y así cada mañana, me digo a mi misma como una oración :

Es un nuevo día, un nuevo comienzo. Hay que chingarle para

cumplir tus sueños. Nadie dijo que fuera fácil.

El sentimiento - María del Rocío Aceves Montes

 

Es aquello que todos sentimos, pero nadie lo decimos.

¡Es aquello que vivimos!

Y en lo más profundo de nuestro ser concebimos

Así como la madre en sus entrañas gesta a aquel niño

En mi mente crece por ti este gran cariño.

No puedo apartar de mi memoria aquella vez que me miraste

Mucho menos la noche que me tocaste

Tus rudas manos se volvieron pétalos que se deslizaron
en mi cuerpo

Con gran delicadeza me otorgaste ese bello momento.

Sentí que todo mi cuerpo colapsaba

Mi vientre florecía mientras tú me besabas
Tus labios rosas saboreaban mi espalda

Y en medio de ese encuentro yo suspiraba.

Sublime el momento en que llego a mí este sentimiento

Dichosa la hora en que llegaste a este templo

Entraste en medio este humilde aposento

Opacando la soledad que me causaba tormento.
Mis neuronas respondieron a esa segregación

Y al ritmo de aquella coalición

Mi mente se llenó de esplendor.

La fijación de tu cuerpo sobre el mío

Esa sutil sensación de caer al vacío

Fue entonces cuando esa aceleración

Bloqueo nuestra mente y nuestra razón.

Mi corazón late y late de alegría

Yo sé que no fue un sueño lo que viví aquel día

Este sentimiento que llevo dentro

Te lo debo a ti mi querido compañero.

Egoísmo - Meow María

 
 
 
 
 
Las bocas, aún con toda su humedad se secan

Los ojos, aunque rutilan se los traga el tiempo

Si hay algo que nos oprime es la gravedad

Nos convierte en reptiles de sangre caliente

Devoramos corazones que aún palpitan

Una lengua amarga se queda en las papilas

El metal, la sangre, el jamón serrano

Todas saben a lo mismo
Escoger el egoísmo es la honestidad más humana

Es querer ser un pastor en arcadia

Sin tumbas que aparezcan en medio de los caminos

Meteré el índice en esa parte cruda que te queda

Saciaré la sed espesa en esa parte que me queda

Vaciar el recipiente siempre deja residuos

Desperdicios
Y no hay evolución que lo solucione


Ya que pocos se atreven a llenar de saliva el plato

A ensuciarse los dedos

A lamerse los dedos
La pena es el castigo

Por eso a la muerte la llamamos pronto

Mis elecciones me moldearon
Son las que sentencian

Son el juicio y el verdugo

Mi, mi, mi, mí

Sonata agridulce para no dormir

Lastimero placer

Todo lo que pueda ser mío

Quiero que sea mío

Todo tiene que ser mío

Incluso yo
Por sobre todas las cosas mía

Hay flores más bellas

Son las que terminan en los floreros.


El amante de la lluvia - Vanesa

Busco algo ahí en mi cielo oscuro

he estado sentada aquí en esta ciudad rota y muerta
he suspirado a los muertos y a los vivos que pasan en estas calles vacías


las vagas sombras de figuras humanas se van perdiendo una y otra vez

se acerca la tormenta

aquellos mordiscos de viento avisan tu llegada

comienzo a escuchar tu voz apagada y distante
no puedo dejar de observar aquel cielo que se convierte más turbulento


la lluvia por fin acaricia y llena a esta ciudad descompuesta.

Estoy llamándote.

mis gotas están acariciándote, y yo espero tu respuesta

entonces lo veo venir, el fin de la oscura noche

el fin de mi soledad

aquella curva con potencia dominando mi cielo

que va violándome

contaminándolo de ti.

Vas bailando entre mis gotas desnudas

vas marcándome de ti a cada respiro de luz que irradias,

arrancas en pedazos la tela de nubes de mi vestido

es un vals de nuestro encuentro

y vas quemando abriendo cualquier candado implantado en mi

te siento cada vez más cerca,

vas tocándome tomando el control

sedo ante ti,

la noche es iluminada por tus relámpagos y mi lluvia.

El Monje Tibetano - Cynthia Patricia Rodríguez Romero

 

La noche que murió Erioc, el cielo lloró. Él junto conmigo gemía de dolor. Fue tan repentina su partida, que no alcancé a despedirme, pero nuestro lazo era tan fuerte que pude sentir el desprendimiento de su alma.

La gente a lo lejos me veía como si fuese un extraño, porque nunca antes me habían visto temblar y tartamudear al hablar, mi cuerpo desfallecía y perdía luz. A lo lejos, vi la silueta de un anciano de barbas largas, su personalidad era notoria e imponente, su mirada era profunda, pero a pesar de ello reflejaba paz y ternura. Los niños como ángeles cantaban, mientras que los frailes y mujeres rezaban.

Para ser sincero, por unos momentos no supe nada de mí, el cansancio me venció y mis rodillas se doblaron. A decir verdad, ignoro cuánto tiempo pasó mientras entré en descanso, pero cuando desperté... estaba ese hombre junto a mí. Sí, estoy hablando de aquél anciano, al que todos llamaban con respeto "El monje Tibetano". Lentamente, con las palmas de sus manos acarició mi cabeza, besó mis rosadas mejillas y me dio a beber de su mágico licor.

Yo no sabía por qué lo hacía, si apenas lo había mirado un par de veces, meditando a la orilla de una vieja colina, justo enfrente de la montaña más alta del Asia.

Estar cerca de él era el acto más impresionante, porque ni siquiera sabía de qué hablarle, simplemente su compañía me tenía pasmado.

Después de unos segundos, el monje me dio la espalda y en otras lenguas comenzó a cantar; el sonido que producía su voz era tan hermoso, que los animales a lo lejos comenzaron a desfilar y llegar. Un águila tricolor, frondosa y preciosa se detuvo en su fuerte hombro, los felinos más temidos se arrodillado ante él, distintos tipos de aves gritaban de alegría, y todas las demás criaturas esperaban ansiosamente a que él las tocara.

Una vez más... Yo no sabía que hacer al tener frente a mí al maestro más grande de luz. Cuando por fin me decidí, pausadamente me acerqué a conversar con él, pero justo en el momento en que le iba a hablar, volteó y me dijo:
- Hijo mío, Isaías, el dolor es parte de la vida, es la enorme fuerza que nos permite respirar ante cualquier tempestad.

Con lágrimas en los ojos exhalé repetidas veces y pregunté al maestro:

- ¿Cómo se aprende a seguir, sin el aire que nos hace falta para vivir?

Con gran fuerza apretó mis manos y las puso encima de mi corazón, luego sonrió suavemente y me pidió que cerrara los ojos.

Estar junto a ese hombre era inexplicable; hablaba poco, pero transmitía fuerza, serenidad, paz, sabiduría y lograba que su alma y la mía tuvieran conexión.
Cuando cerré mis ojos, pasé a otro estado de concentración, nuevamente el monje me dio otra indicación.

- Isaías, a partir de este momento tu corazón hablará y tú tendrás que escucharlo, trayendo a tu mente aquella fuerte pena y todo lo que quema.

Lo hice, interioricé mi dolor, lloré por muchas horas al reconocer el enorme vacío que la partida de Erioc me dejó. Supe entonces, que me iba a ser mucha falta.

Después del desahogo, sentí un ligero jalón en mis hombros, y aunque quería terminar, el monje despacito me volvió a hablar.

- Ha llegado un regalo especial para ti, aquí están todas las criaturas, dispuestas a llevarse tus penas; la tristeza, la nostalgia, el dolor y perturbación ,entrégales todo.

Una fuerza misteriosa se apoderó de mí ser, mi alma me pedía a gritos paz y resignación.

No sé por cuántas horas medité, pero pude sentir como aminoraba mi pena y mi agonía poco a poco terminaba. Cuando pude calmarme, le pregunté al monje si podía abrir mis ojos porque sentía que me estaba quedando ciego, aunque una profunda paz me había llenado de gozo.

Él nunca contestó, todo en la habitación era silencio, fue como si despertara de un largo sueño. Cuando volteé a mí alrededor, yo estaba solo, pero vi una carta con mi nombre sobre la lámpara de un viejo buró. Al abrirla, vi que estaba vacía, pero al final tenía una nota que decía:


- Isaías, de hoy en adelante, tú serás el encargado de escribir tus propias líneas. "Ahora que has aprendido a desahogar tu corazón, tienes la enorme misión de llevar el mensaje a los demás".

Luego de vivir esa experiencia, mi vida cambió. Sobreviví a pesar de las pruebas, aprendí a ser fuerte como los felinos, a volar tan alto como las alto aves, a correr como los salta montes, y a conectar mi mente con el alma.

Al viejo monje Tibetano, jamás lo volví a ver por más que lo busqué.

Ahora sé que él vino a enseñarme todo y nunca se fue, se quedó vivo en cada latido de mi corazón y seguramente es una estrella que me bendice desde el cielo junto con Erioc, mi padre, mi amigo y mi gran amor.