Expresión Libre

miércoles, 30 de octubre de 2013

Tatoo Lobo







 

AMO LO IMPOSIBLE.

 
Saturnino Ruiz Roque


Amo lo imposible, lo intangible, lo etéreo y lo infinito.

he acallado a mi alma cuando pase por el sufrimiento

a las agrestes llanuras y ríos sentí acariciar el viento

de las noches en aquellos inmensos lagos viví silencio

todo quieto, mudo, solo canto y la superficie sombrío

una luz muy lejana junto a la orilla allá un castillo.



Y con más fuerza azotando de brisa el circulante viento

a través del inmenso lago iluminado en argentífera luz

aquella soledad inmensa y callada surge la melancolía

y se abandona mi alma en el concierto de voces efímero

sin ataduras, lucen cuerpos celestes novilunio otra vez

que inalcanzable es mi alma aún con este vasto silencio.



E inextinguible el viento riza pequeñas olas y las encalla

y en su incesante vaivén todas va depositando a la orilla

acaricia sus ondulantes y espumosas cabelleras de luna

alrededor todo enmudece, todo quieto y sombrío suena

solo leves luciérnagas posan de luces en negra espesura

al volar dejan huellas como pequeños faroles de joyería.



Mi alma busca desbordar ese fuego de amor tan intenso

que a medida que transcurre la noche, el tiempo y vacío

solo lo va llenando una mujer de voz dulce, acariciando

el corazón en que siempre vive y del cuál nunca ha salido

le amaré como dios me ama, con brasa en el alma y fuego

con su afecto, a ella por tenerla en el corazón clavado.



Capítulo inconcluso

 

Ricardo Lupercio
 
 
Lo había olvidado prácticamente por completo. Los partidos de futbol, la cerveza en el bar, la cerveza derramada en el cuerpo, el auto estampado en un poste, los gritos de Rogelio en mi oído y las risas, las risas de dos amigos que corren entre carteles y anuncios publicitarios con vendas en los ojos y con los pies atados. En una esquina un mendigo soplando burbujas de jabón, yo las veía elevarse alto y tu estirabas la mano para alcanzar una, luego otra y parecían reventarse en tu rostro, entonces reías cuando el jabón tocaba tu piel y yo observaba como las pompas bailaban alrededor tuyo. Nunca vi una cosa más hermosa en toda mi vida. Me tomabas de la mano y escapábamos calle abajo hasta desaparecer en un sucio callejón, en un sucio cuarto. Y no importaba porque sabía que Rogelio nos buscaba. Me importaba poco tirarme en una cama dura, con resortes duros, me importaba poco aquel cuarto y su suciedad. Me había acostumbrado a las paredes y al piso, al moho que se apretaba entre los espacios del azulejo, en esa delgada línea que los separa uno del otro; ahí se escondían todos apretados. A veces me arrojaba y desaparecía viéndote recargada en la ventana, te gustaba estar ahí, contemplando la nada, quizá preocupada por Rogelio, pensando dónde estaría, si rompería la puerta y nos descubría… si. Alguna vez lo pensé también. Tenía la certeza de que un día lograría escapar de él. Que digo escapar, desaparecer. Como una hormiga en el césped, entre la tierra, y junto conmigo un reloj de arena sin arena, un reloj que no sea reloj sino todo lo demás. Todos los días era un plan nuevo. Aquel cuarto era mi laboratorio de ideas, mi taller, y las piezas y los engranes eran todas esas imágenes de ti y de mi, de Rogelio, del cuarto, del moho, de la ventana, de la calle, las burbujas y el anciano.
 
Pasaban un par de horas y entonces salíamos. El cuarto, la puerta, las escaleras de caracol hasta el primer piso, la entrada al edificio y luego los autos y la avenida. Ahí te detenías por completo. Me mirabas y te marchabas en dirección contraria, lejos del vagabundo y las burbujas que tanto me gustaban. Que más daba. Me alejaba intentando borrar tus pasos, comenzaba de la punta al talón, devorando las marcas del suelo hasta perderme en un callejón muerto y ahí me quedaba tirado. Ya no pensaba, porque habías consumido todos mis pensamientos, ahora me dejaba caer y nada más… Y nada más.
Estaba acostumbrado a este tipo de situaciones, no me extrañaba que salieras corriendo después de haber pasado toda la noche juntos, que salieras sin despedirte y sin darme una explicación. Realmente no importaba. No tenía ganas de escuchar una ridícula explicación de tu miserable vida conyugal. Me importabas, eso era todo. Me gustaba pasar el tiempo contigo. Realmente disfrutaba cada partícula de tu cuerpo, como una pequeña termita atrapada en el ámbar, que en un intento desesperado expira su último aliento contemplando el final de su vida… Y me asombraba como cada pequeña partícula, como cada pedacito de piel podía contener tanto. Si. Una pequeña porción de piel, de dedo, de brazo, puede sentir más que el cuerpo completo. Y lo descubría cada vez que recorría tu abdomen con las yemas de mis dedos, no con los dedos, sino con la pequeña superficie de ellos. Y aprendía a besarte. Al principio, te besaba como cuando se besa a un fantasma; eran besos al aire, dibujando tu boca para alcanzarla, haciendo círculos por todos lados. Si, tu boca, tu cuello, tus manos. Entonces nos sumergíamos en una burbuja de jabón y el mundo desaparecía ante nosotros como morusitas de pan en un plato sucio.
 
Para dar con la simetría de nuestros cuerpos, de nuestras mentes, era necesario comenzar por borrar todo recuerdo tuyo. Comenzar desde un punto cero. Como un pequeño astro rodeado de miles de esferas luminosas que esperan su turno, como una bolita de papel que se aprieta en nuestras manos. Me di cuenta que para llegar al meollo de nuestras vidas era necesario remontarme a cuando éramos dos partículas subatómicas. En ese entonces jugábamos
 
 
 
 
 
a crear infinidad de formas en la pared, siempre creyendo haber encontrado entre todas esas formas la figura perfecta. Cuando al final, la única forma perfecta era la de una rueda de la bicicleta
 
tuya que usabas para ir de la escuela al trabajo. Incluso la bicicleta se convirtió en algo más. Fue la naranja que dividía nuestras vidas. El mundo se centraba en esa bicicleta hasta el punto en que me llevabas colgado de la parte trasera. Tu girando en una rueda y yo sosteniéndome de ti para no caerme. Rodando en cualquier dirección. Lo que Rogelio no entendía era precisamente eso. Que nuestras vidas estaban destinadas a rodar juntas.
 
Yo lo sabía bien. Después de tirarme todo el día con las cenizas de un cigarrillo sobre mi ropa con las hojas cayendo desde lo alto de las copas y las gotas mojando mi rostro. Sabía bien que esas burbujas subirían alto hasta el punto de no resistir la presión y reventarse y deshacerse en otras burbujas más pequeñas desbaratando todos los sueños en pequeños capítulos hasta perderse en el aire y el viento. Entonces fingí estar muerto. Y en ese momento me sentí completamente vivo, como si la realidad fuera parte de un sueño que había soñado tiempo atrás y que ahora se destapaba en medio de la lluvia. Quizá eso paso contigo. No estabas consiente de todo lo que sucedía a nuestro alrededor, como en un sueño. Solo eran formas y figuras en un cuarto, en una calle, en lo profundo de un beso, en la mano de un anciano que sopla sin detenerse a pensar en lo que hace.

Nancy Alvarez

 
 
¿Cómo serás en unos años?

Cuando tu pelo haya encanecido

Y tu piel sea el mapa de los años transcurridos.



¿Cómo serás en un lustro?

Con tu carne deshojada,

Con los huesos florecidos.



¿Cómo serás en un siglo?

Cuando hayas desaparecido de los labios,

Cuando el recuerdo sea un viento errante, sin latidos.



¿Cómo serás entonces?

Cuando seas polvo, alma, luz, olvido…

Todos flotan

 
Jesús Alfonso Silva Iñiguez




Cuantos tokines he presenciado, no sé, alrededor de treinta. Y Siempre hay algo que vuelve memorable un tokin. Típicamente la música las charlas y las sensaciones son lo que más se impregna en el pensamiento. Y uno de esos momentos es el quiero recordar hoy. Lo recuerdo con claridad llegué a la casa de mi amigo para ir a ver tocar a mis primos, la música que ellos tocaban no era ni remotamente convencional se trataba de más ruido que otra cosa, pero era un caos musical que me calmaba. En esos pequeños conciertos había más músicos que público, pero la energía era mucho mejor que en un concierto lleno hasta el tope. En el día que todos flotaron yo llegué al tokin con mi amigo y uno de sus compañeros de casa. El estado de ebriedad del rumi de mi amigo era bastante grave y en términos de ebriedad yo diría que llegaba al nivel de bastardo sin gloria. Pero la anécdota que me ocupa se refiere a un episodio bastante curioso que nos sucedió a los tres. Llegando al bar, uno de los porteros nos dijo.
Tu amigo no puede pasar.

Nosotros nos miramos uno al otro y un poco impertinentes preguntamos la razón.
¿Y por qué no?
Tu compa está demasiado pedo y se va a caer de las escaleras.
No se cae -dije, un poco molesto-.
Eso dices, pero ya anda muy mal.
Chale, danos chaza nosotros lo cuidamos – dijo mi amigo para persuadir al guardia-.
No, la neta no se arma.
Cámara carnal te digo que no se cae.

El portero parecía que no estaba dispuesto a dejarnos pasar y en ese momento bajo mi primo para ver por qué no subíamos.
Wey , no nos quieren dejar pasar.

Mi primo vio con insistencia al guardia que no se inmutaba.
Jefe déjelos pasar.
No se puede su compa esta muy pedo.
No hay fijón allá arriba casi todos andan bien pedos ni modo que este sea un bar libre de borrachos.


El guardia vio enfadado a su compañero y con un movimiento de cabeza se hicieron a un lado y nos dejaron pasar. Yo no entendía muy bien a que se refería el guardia con que se va a caer, pero ya que puede ver las escaleras más de cerca pensé que si a mí que estaba totalmente sobrio me costaba mucho trabajo subir a mi compa le iba a ser bastante más difícil. Mi compa estaba en calidad de bulto apenas entre Garibay y yo lo pedíamos subir. Pero me sentí mucho más tranquilo cuando por fin llegamos a la parte superior del bar que dicho sea de paso era una casona vieja del centro de tres pisos, en la que se encontraban tres bares que en esos momentos estaban vacíos, la única parte con gente era la azotea que se hacía llamar Gore bar. En la entrada te ponían un sello y te hablaban de la promoción que existía de una chala gratis pagando el cover, eso nunca me a parecido una promoción porque para empezar el cover es casi siempre el precio de una chela, entonces la promoción debería ser entras gratis en la compara de una chela, pero lo importante es que ya estábamos dentro del bar y que el tokin empezaba.



Vimos tocar a mis primos mientras que mi Mario el compañero de cuarto de mi amigo trataba de ligar con insistencia a una gordita en su ropa de metalera el fin de semana. El teléfono de Mario sonó toda la noche se iba por momentos de la azotea para poder responder. Mientras que mis primos se presentaban después de dos canciones, entre sus agradecimientos me mencionaron porque pensaban cantar una canción qué me compusieron por incidente que me pasó en una borrachera, la canción por su puesto se llamaba "Manchando paredes", y tuvieron la delicadeza de dedicármela, claro que eso me dejo un poco mal parado pues me la compusieron después de que tuvieron que limpiar toda la vomitada con la que me sentí muralista una noche de borrachera.




Garibay me miró y me dijo:
No mames carnal hasta inspirante una canción, eres una musa muy extraña.

Yo no pude hacer otra cosa que asentir con la cabeza y reírme. Tras otras cuatro canciones melodiosas de "tuta tuta" terminó la actuación. Vimos dos bandas más y Garibay se me acercó para decirme:
Carnalin, me voy yendo.
Cámara te alcanzo al rato.

Mario y Garibay se fueron y yo me quede a ver otra banda más. Terminó el tokin y me fui a la casa de Garibay pues me daría acilo esa noche, pero ya que me retiraba note algo raros a los de la entrada del bar. Caminé unas cuadras y n la plaza que está frente a la casa de Mario y Garibay vi unos dogos que me llamaron y pues tuve que hacer el sacrificio de comérmelos. Entré en la casa sin mayor problema para encontrarme con la novedad de que Mario ya estaba dormido y me esperaban en la casa los otros inquilinos junto con Garibay por fin abrí la boca y dije:
¿Y el Mario?
Ya se durmió pero ¿qué crees que pasó?
Nel, pos no sé.
Ya ves que al entrar nos dijeron que el Mario se iba a caer, pues ya para llegar a la entrada él quiso demostrarles que no se había caído y bajo hecho la chingada, y trastabilló y que les cae en las puras patas a los cadeneros.
¡No mames! ¿neta?
Simón y el de la puerta que nos dice: "ves te dije que se iba a caer".
Chale ni pedo como dice Eso: "Todos flotan" y el Mario también floto.

Todos nos reímos y seguimos cotorreando unas horas más.